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Las vacunas: un punto de vista alternativo

por Ken Oftedal, BSc, MDSHK

Nuestro cuerpo produce todos los anticuerpos y también activa las plaquetas blancas de nuestra sangre toda vez que existen amenazas de infecciones. Del mismo modo ocurre cuando el cuerpo está expuesto a una enfermedad infecciosa. Tras ser capaz de recuperar el estado inicial, quedará un nuevo registro grabado en su memoria inmunológica que aportará futuras defensas y resistencia en el caso de la misma enfermedad.

En síntesis, se produce el mismo proceso que provocan las vacunas. Las personas están expuestas a pequeñas dosis de agentes infecciosos (atenuados  o bien organismos infecciosos, micro-toxinas de micro-organismos infecciosos o componentes de los mismos). De acuerdo con las prácticas  medicas comúnmente aceptadas, las vacunas son, en general, inocuas. Parecería que se trata de un riesgo asumible ya que son muy pocos los que son víctimas de ellas (muriendo o quedando inválidos). Es creencia común que las vacunas eliminan las enfermedades y alejan cualquier brote epidémico futuro. La búsqueda de una vacuna que erradique ella sola todas las enfermedades humanas se ha convertido en una nueva búsqueda del Santo Grial. Las vacunas han adquirido un prestigio indiscutible y se inyectan bajo la forma de cada vez más potentes cócteles de vacunas en los bebés en manera creciente y desde sus primeros días.

Si se examinan las estadísticas históricas referidas a vacunaciones, se pueden anotar de inmediato varias discrepancias.  Es llamativo que cuando mas temidas son las enfermedades (polio, tetanus, diphtheria, viruela, etc.), ellas han ido declinando también en paralelo con las crecientes condiciones de higiene y nutrición. Nos preguntamos entonces si realmente  esos efectos son productos de las vacunas.

A la vez, constatamos que no existen casi estudios sobre el efectos colaterales de las vacunas realizados sobre distintas muestras de población y en plazos largos (20 años, por ej.).

Es muy llamativa la siguiente información. Los miembros del ejército francés que lucharon entre los aliados occidentales en la Guerra del Golfo, no sufrieron el denominado Síndrome de la Guerra del Golfo. Ninguno de ellos había recibido el cóctel de vacunas que contenía todo el arsenal de infecciones que se presumían en Irak, tal como había ocurrido con los soldados británicos y americanos que habían sido enviados anteriormente a Kuwait.

Muchos somos los que ahora presumimos que existen efectos a largo plazo, producidos por las vacunas en los niños (véase www.vacunacionlibre.org). ¿Son realmente necesarias las vacunas para las enfermedades de la infancia como el sarampión, la rubéola y otras? Se nos está planteando ahora un interrogante sobre si estas vacunas no estén abriendo las puertas a afecciones más graves.

Se sabe que en el pasado, los niños se recuperaban muy rápidamente de sus enfermedades, sin dejarles prácticamente rastros. En la actualidad notamos un aumento alarmante de niños que tienen infecciones muy graves en el oído medio con el riesgo de reducir su audición y detener su desarrollo del habla. También se constatan daños permanentes en el sueño, muchas y nuevas alergias, eczemas, fiebres, asma, bronquitis crónica y neumonía. Por otro lado y lo que es casi peor, se registra un creciente número de niños con desórdenes del comportamiento, hiperactivos y con perturbaciones mentales. Las causas pueden variar pero hay quienes creen que existe una cierta relación con las vacunaciones.

De este modo, es muy posible que estemos eliminando enfermedades agudas pero, simultáneamente estamos pagando un precio alto con la creciente aparición de enfermedades crónicas y con una disminución de la salud general para las próximas generaciones. Y nos preguntamos, dejando el interrogante abierto, ¿son los escolares que en algún caso, corren enloquecidos con armas, un resultado de las vacunaciones masivas?.

Se deberían controlar algunos aspectos de los contenidos de las vacunas. Estos están creciendo en cuanto a sus sustratos, muchos de los cuales derivan de cultivos en tejidos animales, como el cerebro de conejos, hígado de perros, o monos, huevos de gallinas o patos, células de fetos abortados, líquido amniótico o sangre de caballos o cerdos. Tales tejidos contienen proteínas que pueden causar reacciones alérgicas cuando se inyectan directamente en el hombre. Se nos introducen materiales genéticos que provienen de cultivos en animales, vía virus vivos de las vacunas.

Los virus de las vacunas y las bacterias contienen también información genética (ANR, ADN) que podría modificar las células de un organismo. Tales virus pueden permanecer latentes en las células y muchos años después pueden llegar a activarse, causando  enfermedades de autoimunidad, tales como alergias, reumatismos y  esclerosis.

Las vacunas que contienen aditivos de formaldehído (conocido alergogéno y carcinógeno), mercurio, sulfato de aluminio, acetona y glicerina. Estamos hablando de cantidades infinitesimales, pero que pueden ser suficientes de generar efectos si se introducen directamente en el tejido humano.

Muchos homeópatas consideran una rutina inocua todo lo referido a las vacunaciones. Suelen no ofrecer tratamientos homeopáticos preventivos como una alternativa preventiva, creyendo que es mejor tratar los síntomas cuando estos aparecen. Otros, pueden prescribir remedios homeopáticos preventivos, especialmente en in momentos de epidemias y para viajeros a áreas con alto riesgo de enfermedades. Recientemente, se ha llevado a cabo un programa homeopático de inmunización sobre 500 familias en Australia y a lo largo de 15 años. Se han conocido resultados de salud total en el 90% (Isaac Golden).

La Homeopatía ofrece una alternativa viable y sin contraindicaciones a las vacunas. Ha probado ser altamente efectiva en sus más de 200 años de historia, tanto para epidemias como para la cura y prevención de enfermedades. Existen éxitos bien documentados, en enfermedades y epidemias de escarlata, polio, cólera y gripes agudas.

Sugerimos a todo el mundo que se informe sobre estos temas. Existe mucha literatura disponible y nosotros aportamos una buena parte de ella si se accede al link que existe al pie de esta nota. Para mayor información, puede ponerse en contacto con nuestra Escuela Avila de Homeopatía Clásica.  

Bibliografía